16 mayo 2017

STUFFED INTO THE FRIDGE




DE POR QUÉ GAIL SIMONE ES UNA DIOSA ENTRE MORTALES

En algún punto entre Oasis sonando en la radio y mis padres dejándose el sueldo en potitos y pañales, en 1994 se publicó el número cincuenta y cuatro de Green Lantern. Por obvias razones, yo no lo leí hasta mucho después. 

Vamos a suponer que tenía quince años. Quizás dieciséis. Una de esas edades en la que te crees que lo sabes todo y que un flequillo a lo champiñón es una buena idea. Era verano y yo no tenía mucho que hacer más que tumbarme al sol, fingir que mis padres me caían mal y que la cerveza no parecía pis y sabía a agua sucia. Así que para apaciguar todo ese melodrama adolescente, leí, leí mucho. Leí a Stephen King y luego a Tolkien. Me ventilé unas cuantas novelas de Agatha Christie y decidí que Hércules Poirot me caía mal. Luego pasé a los cómics. 

Fue mi mejor amigo el que me convenció para leer Green Lantern. Era un Green Lantern renovado, que no se dedicaba sólo a hacer puños gigantes con su anillo mágico y súper poderoso de policía intergaláctico. Kyle, el protagonista, tenía mucha más imaginación. Era también un cómic de los noventa, así que intentaba ser graciosete y cercano, pseudomoderno, como ese tío tuyo que cree que sigue siendo un adolescente. Y estaba bien para mis estándares, supongo. 

En el número cuarenta y ocho, Kyle conoce a una chica. La chica es Alex DeWitt, una especie de Lois Lane que le hace de conciencia y le ayuda con todo el trabajo superheroico, pero sin pizca de personalidad. Por supuesto, él se enamora de ella. Aún así la trayectoria de Alex es corta y poco memorable, exceptuando su final. 

Seis números después, el enamoradísimo Kyle sale a dar vueltas por ahí, le pegan un poco y salva el día, esas típicas cosas de cómic, vamos. La diferencia es que esta vez le espera una sorpresa en casa. Cuando vuelve y llama Alex, ella no contesta. La escena se enfoca en la cocina (¿dónde sino iba a estar su chica?) y justo ahí, encima de la mesa, hay una nota. La nota está firmada por Alex y el críptico mensaje es: hay una sorpresa esperándote en la nevera. La sorpresa no es de las agradables.

El resto es historia. 

Recuerdo haber pensado: ¿Por qué? Y tener una de esas vagas sensaciones de incomodidad sin un origen concreto, de las que te cuesta identificar. Por ese entonces yo ya había leído lo suficiente como para saber que la muerte de un personaje debe perturbar al lector. Y me perturbó, en cierto sentido, pero no de la manera correcta. Alex era un personaje secundario, fácilmente prescindible. No había aportado mucho al argumento ni se sabía apenas de ella. Ron Marz, el guionista, no se había preocupado por eso. Como lectora, no me dolía su muerte. Como lectora, no entendía el punto de su muerte. No me provocaba más que desconcierto.

Pero había un punto.  

Aunque fue en 1999 cuando Gail Simone, también guionista, le dio un nombre, yo no lo descubrí hasta años después. Ella lo llamó "Women in refrigerators" (mujeres en el refrigerador), un término que designaba a todas esas mujeres y superheroínas que habían sido abusadas, asesinadas y vejadas con el único propósito de mover la historia de otro personaje, en concreto, un hombre.  

Y entonces todo hizo click. Eso era lo que había sido Alex en ese cómic que yo había leído tanto tiempo atrás. Y eso era lo que su creador, consciente o inconsciente, había pretendido. Yo, como lectora, no había sentido pena por su pérdida porque era irrelevante. Alex no era realmente un personaje, sólo era una herramienta. Un objeto conveniente para volver más complejo a Kyle, para darle un propósito y para obligarle a cambiar. Yo tenía que sentirlo por él, tenía que identificarme con él. Tenía que pensar en el pobre héroe que había perdido a su novia, en el pobre hombre que ahora tenía que vivir con eso, y no en la novia que acabó muerta en la nevera.  

Gail Simone me mostró que Alex, como tantas otras, sólo había sido un recurso. Y ese recurso no he dejado de verlo desde entonces. 


LA (OMNIPRESENTE) CULTURA DE LA VIOLACIÓN

Me gusta usar la expresión cultura de la violación porque pone a la gente nerviosa. Porque les horroriza un poco. Y porque en muchas ocasiones no quieren reconocer que existe. Porque parece una locura pensar que vivimos en una sociedad donde se da por hecho que salir a la calle siendo mujer te expone al peligro de una agresión sexual como algo inevitable, y porque la gente que niega rotundamente que sea algo arraigado y racionalizado suele ser la que también te manda mensajes para asegurarse de que has llegado sana y salva a casa y te advierte de que no aceptes copas de extraños. 

Dice Roxanne Gay en su libro Mala feminista: "Quizá de alguna manera nos hayamos hecho inmunes al horror de la violación porque la vemos y hablamos de ella muy a menudo, muchas veces sin reconocer o considerar su gravedad y la de sus efectos [...] Es posible que nuestra manera despreocupada de tratar la violación tenga su comienzo y su final en el cine y la televisión, que nos inunda de imágenes de violencia sexual y doméstica."

Me gustaría decir que las violaciones y los abusos hacia los personajes femeninos tienen siempre un tono reivindicativo, que pretenden decir algo. Que al menos se centran en esta y sus consecuencias. Porque bueno, en un mundo con sentido sería lo normal. Pero borra eso, este no es un mundo con sentido.

La realidad es esta: me he encontrado la violencia y el abuso sexual como un medio para crear tensión y justificar acciones muchas más veces de las que me gustaría. Un medio para definir, a través de un acto violento, a víctima, héroe y verdugo.

Y aparentemente también un trasfondo fácil para crear un personaje femenino que nos parezca complejo.

La violación o un intento de esta se ha convertido en un recurso que sirve para darles un pasado atormentado, para impulsarlas hacia la independencia o para presentar al personaje masculino que las salve de esos recuerdos que las torturan. Las mujeres son violadas y torturadas para hacer sufrir a otros personajes, para trasformarlas y para anularlas. Paradójicamente, también se usa este tipo de violencia para convertirlas en personajes fuertes. Como el fénix que renace de sus cenizas y todo eso.

Sólo tienes que poner la televisión y mirar algún capítulo de una serie policiaca. Hay muchas posibilidades de que, si la víctima del caso es una mujer, la violencia sexual esté sobre la mesa. De que si la investigadora es una mujer, los encuentros con el peligro tomen un tinte sexual en la mayoría de las ocasiones. Las mujeres son violadas y maltratadas para hacer avanzar la trama y satisfacer unos estándares que se basan en una cultura que ve el abuso sexual como un peligro inherente del hecho de ser mujer, sin explorar realmente la raíz del problema, exculpando una vez más a los hombres que cometen el acto. Y eso a ellas, como personajes, les quita valor. Les quita el alguien y las convierte en algo. 

También es un truco perezoso, ya que estoy dando mi opinión. 

Y lo más importante: ¿Es necesario? 

Los traumas son un motor básico en muchas novelas, una reacción lógica que hace avanzar la historia y le da profundidad a los personajes. Pero hay traumas de muchos tipos. Cualquier personaje masculino nos lo demuestra. Un personaje con carencias afectivas puede serlo por el abandono de una figura parental, otro con un deseo exacerbado de independencia por haber vivido toda su vida en un entorno sobreprotegido. Eso es lo que les hace complejos y lo que define su manera de actuar en ciertos momentos, sin embargo en pocas ocasiones el tema central de la historia va de eso. Y si la historia que vas a escribir o la historia que estás leyendo no va a de explorar las consecuencias de una violación, ¿por qué el personaje femenino ha sido violado? ¿Por qué la sombra de los abusos está acechándola -solo- a ella en cada esquina?  ¿Por qué sus encuentros con lo que en la historia representa la maldad se tornan casi siempre sexuales? ¿Por qué eso es lo que la define? ¿Por qué seguimos sintiendo la necesidad de explorar de una manera tan superficial, una y otra vez, la misma situación? ¿Por qué a veces consumimos este tipo de ficción sin siquiera pestañear? 

Supongo que hemos creado una sociedad en la que los héroes nacen de ver a sus padres morir en un callejón y las heroínas de ser violadas en uno. 

EL (FALSO) EMPODERAMIENTO

(Menciono varios personajes femeninos de Juegos de tronos y, obviamente, hablo sobre su papel en la historia. Yo no los considero grandes spoilers, pero quizás tú sí. Así que ojo.)

Si pienso en falso empoderamiento pienso en Juego de tronos. Porque para mí esa serie -tanto de televisión como de libros- es como ese señor que intenta ser feminista pero no le sale. El que te explica como tú, una mujer, debería serlo. 

Y cuando pienso en definir el falso empoderamiento que tanto se ve últimamente en la ficción (porque el feminismo está de moda, aunque de moda no tenga nada) pienso en mi yo de cinco años y en mi madre animándome a escribir y dibujar, hasta que me pasaba con el delirio artístico y ensuciaba las paredes. Entonces me regañaba. 

No se me ocurre una comparación mejor.

Juego de tronos, como tantos productos de ficción que consumismos actualmente, hace justo eso con sus mujeres. Las anima a pensar por sí mismas, a comportarse como hombres. A disfrutar de su sexualidad. A desafiar el orden establecido y a empoderarse, a liberarse. Las anima, como a Cersei, a usar las ventajas de su posición para manipular y conseguir el poder de otros, tal y como hacen muchos de los personajes masculinos, poniéndola en teoría a su misma altura. Luego, por sus errores femeninos, como su maternidad que -oh, sorpresa- la hace vulnerable, se la castiga y menosprecia. Cersei no es muy diferente a todos esos nobles de Poniente que luchan por el trono. No es diferente a Petyr preparándose para sacar provecho de una guerra o a Varys comprando y esparciendo rumores, posicionándose donde más le conviene. Cersei juega peor sus cartas porque vive en una sociedad patriarcal y machista que no le ha enseñado cómo hacerlo. Es en muchas ocasiones despiadada y manipuladora, con una moral más que cuestionable, pero también lo son muchos de los hombres que la rodean. Y sin embargo es a ella a la que se la castiga con el uso de la violación. Se castiga también a Shae, la esclava de la que Tyrion se enamora (precisamente porque piensa que tiene un espíritu libre y no le pertenece a nadie), con su asesinato cuando le es infiel. Y nos hace creer que su error la convierte en la mala, que sólo tenemos que sentirlo por Tyrion. Que, de alguna manera, ella se lo merecía porque él ya ha sufrido suficiente por amor. Utilizan también a Tysha, la ex mujer de Tyrion, como fuente de dolor constante, pero jamás nos hablan en profundidad de ella, centrándose siempre en cómo sufrió él cuando tuvo que observarla ser violada en grupo, porque qué importa lo que sintiera ella. 

Pero probablemente el ejemplo más claro está en Daenerys, que es, así mismo, también una de las caras más evidentes de este supuesto feminismo. Daenerys quiere reconquistar lo que por derecho es suyo. Quiere ser libre y, al mismo tiempo, va ganándose su propio y fiel ejército de personajes también oprimidos, quizás porque se refleja en ellos. Pero Daenerys ha conseguido ese poder a través del sexo y de la maternidad y sólo ha podido acceder a él después de ser vendida por su hermano y violada por su marido. Daenerys es constantemente guiada por los hombres que aparecen en su vida, a menudo definida por ellos y los actos violentos cometidos. Y cuando por fin se levanta y libera, su único poder real viene de ser madre de dragones.

Al final del día, cuando recapitulo, en los libros que leo, las películas que veo y las series que sigo, si los hombres tienen que sufrir mueren sus madres, hijas y esposas. Ellos son un personaje y ellas un medio que produce la caracterización. En los libros que leo, las películas que veo y las series que sigo, a las mujeres que se pasan de la raya se las castiga con la violencia por el simple hecho de ser mujeres. Un tipo de violencia sexual y abusivo, casi siempre gratuito. 

Y no se tú, pero yo estoy un poco harta. 


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